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Chemin de croix sans croix

Encuentro en el taller con Guillaume Treppoz

Tu última serie de altorrelieves nos habla de Cristos y de crucifixiones, pero de crucifixiones que excluyen cualquier representación de la cruz… Aquí la cruz solo se evoca a través de la materia que le es propia: la madera. Y más que nunca, la madera está omnipresente en este trabajo en proceso. Al desaparecer la característica ortogonal y rígida de este instrumento de suplicio, el hombre-dios adquiere una ingravidez sorprendentemente gozosa. Parece flotar entre las ramas, es el espíritu de los árboles, el señor del bosque. A veces reposa en posición horizontal, como sucede en una de las obras de este singular vía crucis sin cruz.

«El don de vivir ha pasado a las flores», escribía Valéry en El cementerio marino. Me atrevo a parafrasear al gran poeta afirmando que, para tus Cristos, el don de morir ha pasado a las ramas.

El animismo nos acecha en la linde de estos bosques, donde el dios de sangre se difunde en la savia de sus innumerables ramificaciones.

De rocalla se trata, en efecto, en esta exuberancia vegetal, una rocalla a imagen de nuestras conchas más exuberantes. Para lograrlo, para que obrara la magia del barroco, te fue necesario pasar por la tierra, la arcilla madre, aquella capaz de captar, con precisión micrométrica, la huella de nuestras emociones primordiales. En este crisol de tierra, en esta matriz donde la más mínima presión queda impresa en negativo, vertiste el cemento pastoso, una colada de lava que viene a petrificar las ramas muertas de nuestra inquietud originaria.

Guillaume Treppoz
(noviembre de 2019)