{"id":3859,"date":"2026-07-16T20:52:45","date_gmt":"2026-07-16T20:52:45","guid":{"rendered":"https:\/\/david-decamp.com\/expositions-et-evenements\/les-expositions-personnelles\/terminares\/"},"modified":"2026-09-10T16:35:13","modified_gmt":"2026-09-10T16:35:13","slug":"terminares","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/david-decamp.com\/es\/expositions-et-evenements\/les-expositions-personnelles\/terminares\/","title":{"rendered":"Terminar\u00e8s"},"content":{"rendered":"<section class=\"l-section wpb_row height_small\"><div class=\"l-section-h i-cf\"><div class=\"g-cols vc_row via_grid cols_1-4-1 laptops-cols_inherit tablets-cols_inherit mobiles-cols_1 valign_top type_default stacking_default\"><div class=\"wpb_column vc_column_container\"><div class=\"vc_column-inner\"><\/div><\/div><div class=\"wpb_column vc_column_container\"><div class=\"vc_column-inner\"><div class=\"wpb_text_column\"><div class=\"wpb_wrapper\"><p>La nostalgia de un planeta que conservara todav\u00eda algo de naturaleza salvaje, o incluso de un planeta que siguiera siendo simplemente un entorno habitable para los seres humanos, las especies animales o vegetales, constituye el fundamento del trabajo de David D\u00e9camp.<\/p>\n<p>Porciones de \u00e1rboles aparecen envueltas en revestimientos de plomo, como calcinadas tras un incendio, o protegidas frente a alg\u00fan cambio clim\u00e1tico que pudiera condenarlas. Esos mismos \u00e1rboles pueden adquirir la apariencia de una columna vertebral, convirti\u00e9ndose entonces en el vestigio de una criatura que ya solo subsistir\u00eda en forma de esqueleto. <\/p>\n<p>Y luego est\u00e1n los huesos de animales, mostrados como reliquias a la vez diminutas y espl\u00e9ndidas, que vienen tambi\u00e9n a habitar este mundo indisociable de la autodestrucci\u00f3n humana del planeta. El t\u00edtulo de la exposici\u00f3n lo expresa claramente: Terminar\u00e8s. En el lenguaje contempor\u00e1neo significa acabar, concluir e incluso, en el \u00e1mbito comercial, una venta a precios de liquidaci\u00f3n, una especie de alegre saldo de art\u00edculos de calidad m\u00e1s o menos buena antes de que se agoten las existencias o cierre el establecimiento. La palabra posee tambi\u00e9n una connotaci\u00f3n coloquial que aplasta el origen culto del t\u00e9rmino, derivado del verbo latino terminare. Se cierra, eso es lo que nos dice David D\u00e9camp. \u00abHaz la maleta\u00bb: sin embargo, el lavabo que se est\u00e1 derritiendo acaba de destruir nuestras pertenencias, arruinando nuestras esperanzas de abandonar un mundo inhabitable. No hay salida.      <\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 queda entonces por vender? Algunos restos de la naturaleza. \u00bfQu\u00e9 va a cerrar definitivamente?  <\/p>\n<p>El planeta tal como lo conocimos hace aproximadamente medio siglo, antes de que los cient\u00edficos inventaran el t\u00e9rmino Antropoceno, cuando los efectos de la industrializaci\u00f3n sobre el ecosistema todav\u00eda no eran tan perceptibles como lo son hoy, en la era del calentamiento global. David D\u00e9camp no esper\u00f3 a estos discursos ni a esta toma de conciencia tan tard\u00eda para preocuparse por ello. Su infancia transcurrida entre los bosques del Jura, a los que regresa constantemente, su conocimiento de los \u00e1rboles, que constituyeron su primer oficio, su fascinaci\u00f3n por las cortezas y las hojas, su atenci\u00f3n hacia los animales: el arte no ha hecho m\u00e1s que traducir en formas, objetos e instalaciones aquello que para \u00e9l constitu\u00eda un paisaje tan presente y esencial como amenazado.<br \/>Esto es precisamente lo que hace que sus obras, y todas las experiencias vividas que las rodean, no pertenezcan a esa tard\u00eda buena conciencia ecol\u00f3gica propia de nuestras sociedades, preocupadas por los trastornos clim\u00e1ticos y, al mismo tiempo, tan \u00e1vidas como siempre de mercanc\u00edas y energ\u00eda. Tampoco pertenecen a ese inter\u00e9s, muy interesado, que muchos artistas muestran desde hace algunos a\u00f1os por todas estas cuestiones, en un momento en que las bienales internacionales se cruzan con las negociaciones de las \u00abCOP\u00bb sobre el clima.<br \/>\u00abEs como si quisiera perforar con un taladro la cabeza de quienes van a contemplar mi trabajo\u00bb. \u00abEst\u00e1 la idea de un v\u00eda crucis, sin que ese sea el tema\u00bb. Son dos observaciones, entre muchas otras, surgidas en las conversaciones que mantengo desde hace algunos meses, e incluso, si lo pienso bien, desde hace ya a\u00f1os, con David D\u00e9camp, y que en ocasiones he anotado.<br \/>Sus obras poseen, en efecto, algo de sagrado. En ellas se difunde una atm\u00f3sfera de relicarios, de sufrimiento y de catacumba, as\u00ed como de piedad. Pero el martirologio es el de los \u00e1rboles que recubre o cuyas cortezas conserva, el de las hojas de pl\u00e1tano que representa con una minuciosidad extraordinaria, el de los cad\u00e1veres de p\u00e1jaros en bronce que colecciona, el de los ciervos que tiende en ata\u00fades de plomo, el de las ranas cuyos fin\u00edsimos huesos de los muslos, semejantes a peque\u00f1as ramas, recoge, el de los peces cuyas osamentas reconstruye, transform\u00e1ndolos as\u00ed en elegantes e inquietantes m\u00f3viles que evocan los museos de historia natural.         <\/p>\n<p>En cuanto a la piedad, es la del artista que recoge todos estos fragmentos de lo viviente, en las ant\u00edpodas del asceta ausente del mundo real y contingente, que habr\u00eda interiorizado la cat\u00e1strofe hasta dejar de verla. Es contra esta figura, descrita por Micha\u00ebl Foessel, la del espectador a la vez consciente del ecocidio y pasivo, tan poco militante como informado, contra la que el arte de David D\u00e9camp viene a distraernos para devolvernos con mayor fuerza a nuestro mundo real, es decir, a nuestras pr\u00e1cticas, nuestros h\u00e1bitos, nuestro modo de vida. Sus obras golpean nuestras cabezas, a veces penetran en ellas, perforan nuestros propios huesos.  <\/p>\n<p>Porque su trabajo contiene tambi\u00e9n una lecci\u00f3n sobre la econom\u00eda del hacer que sustenta la posesi\u00f3n de los objetos, de las cosas, de las obras que poseemos o que simplemente atraviesan nuestras vidas, r\u00e1pidamente consumidas o desechadas.<br \/>Pasar un d\u00eda entero haciendo una hoja muerta, con todas sus nervaduras, sus manchas, no simplemente para imitar su apariencia, sino para imitar el tiempo que act\u00faa a trav\u00e9s de las estaciones; pasar un d\u00eda esculpiendo un fragmento de hueso, como hac\u00edan los artesanos en el pasado. Utilizar piezas o botones esculpidos antiguamente por otras manos para convertirlos en una vanitas.<br \/>Toda una econom\u00eda del trabajo manual, alejada de la producci\u00f3n mecanizada contempor\u00e1nea, en la que la mano y el tiempo no dejan de reducirse, constituye el principio de las obras de David D\u00e9camp. Junto a los recursos naturales que debemos preservar, existe otro recurso, el de la mano, que conviene explotar sin una verdadera medida, sin una idea precisa del tiempo.<br \/>En La R\u00e9gion centrale (1969), Michael Snow hab\u00eda intentado realizar el registro absoluto de aquello que defin\u00eda como una \u00abmateria extremadamente rara: la naturaleza salvaje\u00bb. Son otras materias las que las obras de David D\u00e9camp nos permiten contemplar, hechas de bienes tan diminutos como resplandecientes, restos maravillosos que remiten a esa misma naturaleza salvaje cada vez m\u00e1s escasa y, sin embargo, nunca completamente perdida, pues vuelve a encontrarse en todos estos fragmentos, en estos naturalia amenazados y en los gestos que los restituyen al mundo.      <\/p>\n<p><em>Fran\u00e7ois-Ren\u00e9 Martin<\/em><\/p>\n<p>Profesor de Historia del Arte en la \u00c9cole nationale sup\u00e9rieure des Beaux-Arts de Par\u00eds<\/p>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"f6ZHRkkke0\">\n<p><a href=\"https:\/\/www.galerielaforestdivonne.com\/fr\/expo\/terminares\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Terminar\u00e8s, Regard sur un monde plomb\u00e9<\/a><\/p>\n<\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; visibility: hidden;\" title=\"\u00ab\u00a0Terminar\u00e8s, Regard sur un monde plomb\u00e9\u00a0\u00bb \u2014 Galerie La Forest Divonne\" src=\"https:\/\/www.galerielaforestdivonne.com\/fr\/expo\/terminares\/embed\/#?secret=cLrrHad2V7#?secret=f6ZHRkkke0\" data-secret=\"f6ZHRkkke0\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><div class=\"wpb_column vc_column_container\"><div class=\"vc_column-inner\"><\/div><\/div><\/div><\/div><\/section>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La nostalgia de un planeta que conservara todav\u00eda algo de naturaleza salvaje, o incluso de un planeta que siguiera siendo simplemente un entorno habitable para los seres humanos, las especies animales o vegetales, constituye el fundamento del trabajo de David D\u00e9camp. 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